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ZARRATÓN: UNA VILLA CON HISTORIA Y FOLCLORE.
HISTORIA
Su origen se pierde en la noche de los tiempos.
Ya es sabido que los
vascones se extendieron por el valle del río Oja: Haro, Sto. Domingo de la
Calzada, Ezcaray,... donde tanto abundan los nombres topónimos, hidrónimos y
crónimos de origen vasco. Al Imperio Romano le costó mucho adentrarse cuenca arriba del
Ebro y dominar al pueblo formado por vascones, berones, austrigones... Pues bien de la larga permanencia de los vascones en la Rioja
Alta, se dice que el vascuence se habló por estas tierras hasta principios de
la Edad Media, queda como recuerdo tantos pueblos con nombre de raíz vasca y
entre ellos Zarratón, que debe ser muy antiguo, pues Zarra significa
viejo y ton muy o mucho, por eso nuestra villa es una de esas cuya
fundación se pierde en la noche de los tiempos, como dicen los historiadores clásicos.
En numerosos documentos de la Edad Media se escribe Çerratón,
los documentos más antiguos en los que se cita son del siglo XI.
De la historia e importancia de la Villa de Zarratón es
testigo mudo su escudo. Los antiguos eran muy celosos de sus glorias que
sintetizaban en escudos y banderas. Por su forma, el escudo, parece suizo de
forma muy alargada y por sus bordes, doblados cual pergamino que se desenrolla,
parece polaco. Dos leones rampantes, símbolo de fortaleza sostienen entre sus
garras el escudo cual si quisieran defenderlo de cualquier usurpador al par que
lo ostentan con orgullo. En campo de oro destaca en plata un fuerte castillo de
tres torres, más elevada la central y todas almenadas, y dentro de un amplio
patio hexagonal vallado, de alta muralla almenada, con rasgadas saeteras en sus
esquinas. La puerta de la muralla, amplia, con arco de medio punto tiene
entreabierta una de sus medias hojas, símbolo de la hospitalidad del pueblo y
de sus gentes. El escudo carece de corona porque esta Villa era realenga y en
ella nadie ejercía señorío.
Zarratón
es conocido como el pueblo de las siete ermitas y de las siete danzas. La
lectura y estudio de los Libros de Fábrica y Cabildo justifican tal afirmación. Son siete pues las Ermitas y la grandiosa parroquia, he aquí
los nombres de estos templos: Ermita de San Martín, Ermita de San Miguel, de
San Blas, de San Lázaro, de San Andrés, de Santiago y de Nuestra Señora de la
esclavitud, además de la parroquia de la Asunción. Actualmente por la dejadez
de sus propietarios y por la falta de ayudas institucionales, sólo queda en pie
el templo parroquial, la ermita de San Andrés, sede en su día de la cofradía
de la Veracruz y la ermita de San Blas.
Cada ermita tenía sus devotos y también sus danzadores ya
que los diversos barrios del lugar de Zarratón se ofrecían con preferencia de
su ermita, a cuyo Santo Titular obsequiaban con su danza. Y el día tres de
febrero, festividad de San Blas, Patrón de la villa, los danzadores de los
siete Barrios o Ermitas, danzando su peculiar danza se dirigían al templo
parroquial para solemnizar la fiesta del Santo Patrón de la villa, y reunidos
los danzadores de los siete barrios iniciaban una danza común a todos ellos. En la actualidad, desde hace unos años, se ha recuperado la tradición de las danzas, llevándolas a cabo por el grupo municipal folclórico “La Morenita” los días 3 de febrero, festividad de San Blas, y 15 y 16 de agosto, festividad de la Virgen y San Roque respectivamente. Siete son las piezas danzadas, la marcha pasacalles ejecutada durante las procesiones con la danza valenciana a la entrada de la iglesia, y los seis troqueados: la morenita, los caballitos, las ovejitas, el bailao, el soldadito y el ocho.
De
ahí que las danzas de Zarratón destaquen en el folclore riojano por su
variedad, como nos lo recuerda el ilustre hijo de Zarratón Don Eliseo Pinedo López,
director de la Academia Provincial de Música de Logroño, que ha dejado
constancia de estas famosas danzas en la revista del Instituto de Estudios
Riojanos, BERCEO. Y decimos famosas, pues sus aires nos trasladan al s XV. Sus
ritmos parecen vascos, si bien no
se sabe quien a prestado a quien, si los vascos a los riojanos, o los riojanos a
los vascos.
IGLESIA
Otro atractivo municipal en lo que se refiere a su cultura es el templo
parroquial que en la actualidad está bajo la advocación de Nuestra Señora de
la Asunción. Se ignora la fecha de su construcción, pero atendiendo a su
estilo, ojivas, capiteles, ventanas,... parece se construyó en el s XIII y en
diversas etapas. Su construcción comenzó por el coro y de esta época son los
tres tramos, su crucería es más sencilla, diríase casi románica o de
transición, sus ojivas equiláteras descansan sobre ménsulas, sus pilares muy
recios se acusan también al exterior por contrafuertes, su sillería diríase
que está labrada en plan de sillarejo. Posteriormente se agregaron otros dos tramos, lo indica su
crucería que ya en un alarde de tecnicismos forman con los nervios de ambos
tramos una bonita y complicada estrella, sus pilares son más finos, sus
capiteles más bellos y sus sillares se hallan finamente labrados como los de
una catedral y su arco deja de ser equilátero para adoptar la abertura de medio
punto.
El interior del templo
adopta le forma planta salón que mide 32.75 m de largo, 10.50 m de ancho y
17.50 m de alto siendo su construcción solidísima, pues sus muros tienen 1.20
m de grueso y las bóvedas son también de piedra sillar.
La airosa escalinata del coro combinada con un arco tan
rebajado que parece plano, es un alarde de arquitectura plateresca que atrae la
atención de cuantos visitan el templo. Sus adornos de carieles y grecas de
flora y fauna hacen recordar al gótico florido. Fue construida en la segunda
mitad del s XVI.
Diríase que el coro es profano ya que el detalle religioso escasea y
abunda por el contrario el profano, con
centauros, faunos, sátiros y ninfas. Consta de distintos altares, a saber: altar mayor, altar de la
Inmaculada, altar de Nuestra Señora del Rosario, altar de San Blas, altar del
corazón de Jesús y el altar de la Soledad. El retablo mayor fue realizado por arquitectos adscritos al
foco de Miranda de Ebro. El trazado fue realizado en 1694 por el arquitecto Jerónimo
de la Revilla, oriundo de Pedreña. Se presento el proyecto el 14-9-1694 por
30.000 reales y quince días después se adjudicó al arquitecto Diego de
Lombera, natural de Limpias y residente en Labastida, aunque se formó en
Briones en el taller de Hernando de Murillas, en la cantidad de 12.500 reales.
El retablo quedo concluido en 1696, a falta de la iconografía. El crucifijo gótico
del s XIV y el relicario fueron fabricados en 1639 por el arquitecto Juan de
Santisteban y el escultor Bernardo de Elcaraeta. La imagen de la coronación de
la Asunción se encargó al calceatense Domingo Antonio de Elcaraeta. El
resto de las imágenes las realizó el montañés Andrés de Monasterio. El
retablo quedó sin policromar únicamente por problemas económicos.
Al contemplar el pórtico observamos que han pasado dos siglos
desde que se iniciara la construcción del templo y nos encontramos con un
detalle muy fino del gótico flamígero: arco conopial, grecas de flora y fauna,
nervios y agujas estilizadas, enmarcado todo ello dentro de una greca ornamental
que es un encaje de piedra.
El templo parroquial posee una elevada torre de 36.0 m hasta la veleta
y 20.0 m hasta el piso del campanario. Si se observa desde el exterior se ve al
momento que ha sido construida en varias etapas como lo delatan los diversos
tramos de sillares, distintos en colorido, tamaño y formato. La elevada altura
de la torre dio lugar a la leyenda de la “engañapobres”, se le conoce a la
torre como tal en tanto que las gentes necesitadas que viajaban en su
peregrinación a Santiago de Compostela por el ramal vasco-francés, al ver
desde la lejanía tan esplendorosa torre imaginaban una gran ciudad a sus pies
de gran riqueza, ilusionándose ante la posibilidad de reposar su monotonía en
una ajetreada ciudad, llegaban a la pequeña villa de Zarratón cansados y
defraudados ante las expectativas de llegar a la urbe que habían imaginado.
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